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El costo que no aparece en ningún estado financiero

Sep 21
6 min read
Lupa sobre las páginas de un periódico impreso, ampliando las líneas de texto, como metáfora de buscar el costo del capital que los estados financieros no registran.

Una empresa manufacturera guatemalteca cerró un año con una decisión que a casi cualquier empresario le parecería sensata. Necesitaba Q10 millones para financiar su crecimiento, el banco estaba dispuesto a prestarle, y el dueño decidió no tomar el crédito. Puso el dinero de su bolsillo.


Su razonamiento fue el de siempre: “prefiero no endeudarme, mi propio capital no me cuesta nada”.


Al cierre del ejercicio, la empresa era más cara de operar que el año anterior. No por inflación, no por tasas, no por nada externo. Por esa decisión.


Por qué creemos que nuestro capital es gratis

La confusión no es del empresario, es de cómo está diseñada la contabilidad.


Cuando le pides Q10 millones al banco al 10%, el costo aparece cada mes en tu estado de resultados con nombre y apellido: gastos financieros, Q1 millón al año. Lo ves, te duele, lo administras.


Cuando pones Q10 millones propios, no aparece ninguna línea. No existe un renglón que diga “costo del capital de los accionistas”. El estado de resultados nunca te cobra por usar tu dinero.


Pero que algo no se registre no significa que no exista. El costo del capital propio sí existe, solo que no lo paga la empresa: lo paga el dueño, en forma de retorno que dejó de recibir.


El precio es el riesgo

En finanzas el precio del dinero lo determina el riesgo. Y conviene precisar qué significa riesgo, porque suele malinterpretarse: riesgo no es pérdida, es incertidumbre. Es no saber con certeza qué va a pasar.


Howard Marks lo resume bien cuando dice que la volatilidad es el precio de admisión. Y agrega una letra chica que se olvida seguido: más riesgo no garantiza más retorno. Lo que hace es ensanchar el rango de resultados posibles, para bien y para mal. Por eso quien asume más riesgo exige más a cambio. No porque lo vaya a obtener, sino porque sin esa expectativa no entraría.


Ahora comparemos las dos fuentes que financian tu empresa.


El banco tiene garantías, un contrato con fechas y montos definidos, y prioridad de cobro. Si las cosas se complican, cobra antes que tú.


Tú, como dueño, no tienes nada de eso. Sin garantía, sin contrato, sin fecha. Primero cobra el proveedor, luego la planilla, luego el banco, luego la SAT. Lo que queda, si queda, es tuyo.

Gráfica de riesgo contra retorno exigido: la deuda se ubica en la zona de riesgo bajo y el capital propio en la de riesgo alto, con la diferencia entre ambos señalada como la prima que exige el dueño.

Por eso el capital propio es más caro que la deuda. No porque el banco sea generoso, sino porque el banco corre mucho menos riesgo que tú.


Ponerle número a la deuda

El precio de tu deuda es el fácil, porque está a la vista. Es tu gasto financiero dividido entre la deuda que lo genera. En nuestro caso, Q1 millón de intereses sobre Q10 millones de deuda da una tasa de 10%.


Pero ese 10% no es lo que realmente te cuesta. Los intereses son deducibles, así que el Estado te devuelve una parte vía menor impuesto.

Secuencia que muestra el efecto del escudo fiscal sobre la deuda: una tasa de 10% que cobra el banco, menos 2.5% por la deducibilidad de intereses al 25%, da un costo real de la deuda de 7.5%.

Con una tasa de 25% sobre utilidades, tu deuda al 10% te cuesta en realidad 7.5%. Ese es el escudo fiscal, y es una ventaja que el capital propio no tiene. Los dividendos no son deducibles.


Vale una advertencia local: si tu empresa tributa bajo el régimen opcional simplificado sobre ingresos, pagas sobre facturación y no deduces gastos. Ahí no hay escudo fiscal y la deuda te cuesta el 10% completo. La deducibilidad de intereses también tiene límites en la ley, así que conviene revisarlo con tu asesor fiscal.


Ponerle número a tu propio dinero

Aquí viene la parte que nadie calcula, porque no hay factura que la respalde.


Existen metodologías formales, como el CAPM, que es lo que usamos en nuestras valuaciones. Pero para efectos prácticos hay una forma más intuitiva de llegar al número: construirlo por capas, partiendo de lo que rendiría ese dinero en un mercado maduro y diversificado, y sumando cada riesgo adicional que tú sí estás asumiendo y ese inversionista no.

Barras escalonadas que construyen el costo del capital propio: 7.7% de punto de partida, 11% al sumar el riesgo país de Guatemala, 14.5% al sumar tamaño e iliquidez, y 20% al sumar la concentración del dueño.

El punto de partida ronda el 7.7%. Sumemos el riesgo país de Guatemala, alrededor de 3.2 puntos, y llegamos a 11%. Agreguemos el riesgo de ser una empresa pequeña y sin mercado donde vender tu participación rápido, y estamos en 14.5%. Finalmente, el riesgo que casi nunca se contabiliza: tu patrimonio no está diversificado. Un inversionista institucional reparte su dinero en decenas de empresas, países e industrias. Tú tienes prácticamente todo en una sola empresa, en un solo país, en una sola industria.


Ahí llegamos a 20%.


Fíjate en la brecha: un inversionista diversificado pediría 11% por ese riesgo, tú deberías exigir 20%. Esa diferencia de nueve puntos es el precio de no diversificar, y la pagas sin darte cuenta.


El número único

Casi ninguna empresa se financia de una sola fuente. Se financia con una mezcla, y por eso el costo de su capital es un promedio ponderado de ambas. A eso se le llama WACC, por sus siglas en inglés (Weighted Average Cost of Capital).


La fórmula es más simple de lo que suena:

WACC = (% de deuda x costo de la deuda) + (% de capital propio x costo del capital propio)


Antes de la decisión, la empresa se financiaba 40% con deuda y 60% con capital propio:

(40% x 7.5%) + (60% x 20%) = 3% + 12% = 15%


Ese 15% era el precio de su dinero. No es una meta ni una opinión: es lo que cuesta el capital que financia la operación.


La prudencia tuvo precio

Ahora volvamos a la decisión del dueño. Al meter Q10 millones propios en lugar de tomar deuda, la mezcla cambió. La deuda pasó de representar 40% a representar 28.6%, y el capital propio subió a 71.4%.


(28.6% x 7.5%) + (71.4% x 20%) = 2.1% + 14.3% = 16.4%

Comparación de la estructura de capital antes y después: la mezcla pasa de 40% deuda y 60% capital propio, con un WACC de 15%, a 29% deuda y 71% capital propio, con un WACC de 16.4%.

Cambió capital barato por capital caro y el precio de su dinero subió 1.4 puntos. La empresa no cambió, el negocio no cambió, el riesgo operativo no cambió. Solo la mezcla.


Y aquí está lo incómodo: nadie en la organización lo notó. No aparece en ningún estado financiero, no lo señala el contador, no genera una alerta. La decisión se sintió responsable y por eso nadie la cuestionó.


Esta decisión rara vez se toma en una junta directiva con un acta de por medio. Se toma en pequeño y sin ceremonia: el dueño cubre la planilla de un mes flojo con dinero propio, financia el inventario de temporada sin tocar la línea de crédito, le da 90 días a un cliente grande y aguanta el hueco con su caja. Cada una de esas decisiones, por separado, se siente prudente. Sumadas, desplazan la mezcla hacia el capital caro sin que nadie haya decidido hacerlo.


Entonces la respuesta es endeudarse

No tan rápido.


Como la deuda es más barata, en principio más deuda baja tu WACC. Pero mientras más deuda tomas, más riesgoso se vuelve el capital propio, y su costo sube. En algún punto el promedio deja de bajar y empieza a subir.


Y hay algo más importante: el apalancamiento multiplica en las dos direcciones. Cuando el negocio va bien, multiplica el retorno del dueño. Cuando va mal, multiplica las pérdidas.


El punto no es endeudarse más. El punto es que la mezcla es una decisión financiera con un precio concreto, y en la mayoría de empresas guatemaltecas hoy se toma a ciegas.


Conclusión

Tu dinero no es gratis. Es, de hecho, la fuente de financiamiento más cara que tiene tu empresa, y el hecho de que nadie te pase la factura no cambia esa realidad.


Estima tu WACC. No necesitas un modelo sofisticado para empezar, ni la precisión de una valuación formal. Necesitas reconocer que tu capital tiene un precio y ponerle un número.


Porque mientras ese número no exista, cada decisión de financiamiento se toma comparando el costo de la deuda contra cero. Y cero nunca fue el costo de tu dinero.


El mes que viene cerramos esta serie con lo que se puede hacer una vez que tienes ese número en la mano.

Este artículo refleja la opinión del autor y tiene fines exclusivamente informativos y educativos. No constituye asesoría financiera, fiscal, legal ni de inversión, ni sustituye el criterio de un asesor profesional que conozca la situación particular de tu empresa.


Los datos, montos, tasas y porcentajes utilizados son ilustrativos y fueron construidos únicamente para efectos del ejemplo. No corresponden a una empresa real ni a un caso específico, y no deben interpretarse como referencias de mercado ni como parámetros aplicables a tu negocio.


Las referencias al tratamiento fiscal en Guatemala son generales y están sujetas a cambios en la legislación, así como a condiciones y límites específicos según el régimen y la situación de cada contribuyente. Antes de tomar cualquier decisión de financiamiento o estructura de capital, consulta con tu asesor fiscal y financiero.

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